28 de enero de 2007





Embrujo



Paseaban sus 16 jóvenes años por los caminos,
entre fuentes agonizantes y majadas repletas de piñas y hojarasca.
Lo hacían todos los veranos al encontrarse en aquel pequeño pueblo.

Cada tarde de aquellos meses de verano emprendían un largo camino que les iba mostrando las más emocionantes experiencias que podían existir para ellos.

Los altivos pinos se iban desangrando lentamente a su paso, impregnando el aire con la fragancia de la resina fresca.

Aquella tarde el sol ardiente y seco curtía sus rostros.
Oían el canto de las chicharras perdiéndose entre los bosques.
La piel, acariciada por el viento tenue y seco.
Las manos, frías y húmedas, esperaban inquietas su primer contacto.
Los corazones vibrando de emoción a cada paso del camino.
Las tímidas miradas rehusando el encontrarse.

Al fondo, la efigie del Castillo les invitaba a remontar la pendiente.
Sentían esa extraña atracción mientras dejaban atrás las últimas bodegas.

Pocas palabras.

Los cuerpos fatigados se miraban esquivos.
Al fin, en la almena más alejada, se daban la mano mientras pronunciaban alguna frase intrascendente.
Las miradas fijas en el sol escondiéndose detrás del horizonte.
Los cuerpos húmedos y temblorosos.
Los últimos rayos de sol iluminaban sus jóvenes semblantes.
Los corazones estremecidos mientras el viento jugaba caprichoso entre los viejos muros.

Pocas palabras.

Ambos se veían sorprendidos por las conmociones del primer amor.
El sol huía vertiginoso, ávido por aportar la oscuridad que requiere la primera caricia.

Pocas palabras.

Solos, unidos por un beso, mientras sentían el ritmo frenético de su respiración.
Pasaban fugazmente los minutos mientras la noche les iba impregnando.
Amanecía la Luna sobre el horizonte oscuro, anunciando la hora del regreso.
Divisaban las primeras casas del pueblo cuando se soltaban las manos entumecidas.
Siempre, al acercarse a la altura de la ermita, se separaban por temor a que les vieran.

Pocas palabras, al despedirse aquella noche.




De esta forma iban transcurriendo los últimos días de aquel verano.
Terminaban los últimos paseos entre pinares y choperas y campos de girasoles.
Sus ojos clavados en sus ojos esperaban la despedida.
__¿Cuándo volverás?...__


Transcurrió ese verano y varios más.
Pasaron varios años y volvieron, por aquel pueblo.
Volvieron en muchas ocasiones.
Nunca se encontraron.
Volvieron, cada uno, con sus retos e ilusiones.
Cada uno con sus recuerdos y sus tragedias.
Volvieron con sus miedos y sus ambiciones.
Volvieron con sus hijos y sus familias.
Con sus éxitos y sus fracasos.
Volvieron enamorados.
Y pasearon sus recuerdos por los caminos, entre cántaros rotos y olor a resina seca y perdida.
Volvieron y siguieron vagando entre los recuerdos de aquella tarde en El Castillo...


Hoy es una noche calurosa del mes de agosto.
No parece que hayan pasado treinta años.
La música de la orquesta sigue alegrando La Plaza de aquel pueblo.
En el bar los mismos de siempre apuran sus bebidas una y otra vez.
A un lado de La Plaza unos ojos inquietos buscando entre la gente que baila.
En el centro, una mirada indecisa deseando encontrarlos.
Bien entrada la noche las miradas definitivamente se cruzan.
El tiempo se detiene de golpe.
Los corazones paralizados repentinamente.
Falta el aire.
La música de la orquesta enmascara el latir de sus corazones.

Pocas palabras.

Solo una sonrisa disimulada y cómplice.
Cinco campanadas resuenan estridentes en el reloj de La Plaza.
Las miradas, imantadas, se niegan a separarse.
Los músicos afinan sus últimos compases mientras van anunciando su despedida.
Las copas exprimidas hasta la última gota.



La aurora tenue y azul va invadiendo tímidamente los oscuros murallones del Castillo.
La brisa fresca inunda la madrugada.
El firmamento entero ilumina tenuemente las paredes del Castillo.
En la atalaya más alta, dos seres de cera se funden en un abrazo.
Estremeciéndose de frío...
Y de nervios...
Y de miedo...
Y de emoción...
Y de ilusión...
Y de temor.

Pocas palabras.

Solo una mirada tímida e ilusionada más allá de las estrellas.
Las manos, como antaño, frías y húmedas...

En la gélida madrugada, sudan los ojos.


“Albedo”

Presentado al Certamen de Relatos Cortos del Diario La Razón
Agosto de 2005



Encuentro


Las rayas intermitentes pintadas sobre el asfalto, transcurren por el centro de la carretera con la carencia del paso de los segundos.
El aire fresco intenta penetrar por las ventanillas entreabiertas, luchando contra el humo del cigarrillo que busca una salida al exterior mientras se van sucediendo los pueblos de dos en dos.
En la mente, transcurren multitud de imágenes mezcladas a lo largo de treinta años. Intenta poner las ideas en orden pero le resulta muy difícil. La vida es un montón de experiencias encontradas. Lo que durante años fue una ilusión juvenil, se transforma en unas horas en una mezcla de pasión, amargura y expectación incomprensibles. La historia los separó y la historia hoy los vuelve a juntar cuando ya no hay vuelta atrás. Ahora que están atados de pies y manos se vuelven a juntar para preguntarse mutuamente: ¿Qué va a pasar ahora?
No hay respuesta. Solo decidirá el destino caprichoso.
Mientras tanto, los ojos fijos en el final de cada curva.
Ella esperando el momento del encuentro.
Hora y media rodando a toda velocidad le lleva al final de su destino. Sale de la autopista al mismo tiempo que Ella va aparcando en la gasolinera del pueblo donde han concertado su cita.
La misma música sonando en ambos coches.
La misma inquietud de siempre, cuando todos los años se veían por primera vez al comienzo del verano.
Bajan de los coches deprisa, cerrando deprisa las puertas y aguzando sus sentidos para impregnarse de sus tímidas miradas.
De su olor.
De su ternura.
De su cariño.
De su amor.
La sonrisa amplia le recuerda a Amanda.
El sol en su pelo suave, negro y ligero.
Y su agradable estribillo al saludarle, sin apenas un beso disimulado.
El corazón pasa en segundos de estallar, hasta el reposo más absoluto. Solo el mantenerse las miradas les aporta el sosiego que necesitan.
Un saludo escueto es suficiente como bienvenida.
__ ¡Holaaa...! ¿Qué?
__Nada...

Juntos comienzan paseando sin destino por los alrededores del pueblo amurallado. Él, las manos en los bolsillos; Ella, sujetando su bolso en bandolera mientras se van rozando suavemente los brazos a cada paso.
Se miran, sin hablar, mientras callejean entre los muros de adobe deshechos.
Reconocen el sentido de esas sonrisas desde hace muchos años.
Transcurren por la pradera verde donde algunos paisanos toman un vino alrededor de las mesas de piedra. Las miradas como siempre buscándose inquietas entre el verde rabioso del césped que crece espontáneamente.
No necesitan hablar.
Solo sus miradas rebosan de palabras que nunca encontrarían para expresar lo que sienten. Siguen paseando a lo largo de las murallas intentando huir de la realidad que les asfixia.
Pero no pueden.
Lo real y lo virtual se mezcla en una amalgama inquietante. Permanecen unidas sus miradas preguntándose si esto es real, o es un sueño, o... una pesadilla.

__ ¿Quieres que nos sentemos...?

El banco labrado sobre un viejo tronco carcomido les sirve para dirigir sus miradas hacia el horizonte donde los últimos rayos del sol juguetean con las nubes deshilachadas y rojizas. Aquellos atardeceres que fueron testigos tantas veces de sus miradas, de sus besos, de su pasión juvenil durante aquellos años. Aquellos atardeceres que día tras día fueron cómplices de su amor imposible.
Hoy, después de tantos años, sigue siendo un amor tan imposible como antaño, ahogado en secreto por responsabilidades y compromisos que les ha ido estrangulando poco a poco hasta dejarlos ya casi sin aire.
Aire templado que al final de la tarde les acaricia suavemente aportándoles una ansiada tranquilidad.

El sol sigue escondiéndose despacio entre algunas nubes coloreadas. Se diría que no quiere perderse estos momentos.
Al cabo de un profundo suspiro las manos se encuentran entrelazando los dedos para siempre.

__No me creo que estemos aquí juntos.
__Yo tampoco.

Vuelven a cruzarse las miradas pero esta vez no es suficiente. Van cerrando los ojos cuando unen sus labios lentamente mientras el sol, ruborizado, termina por esconderse satisfecho. ¡Tantas veces iluminó esos momentos...!
Las luces de las murallas medievales le toman el relevo y comienzan a iluminar tenuemente el paseo colgado frente al valle salpicado de sabinas y bogs.
Tienen tantas cosas de que hablar que no saben por donde empezar. Solo rememoran una y otra vez los momentos agridulces que pasaron en su juventud.

__Me hiciste sufrir mucho.
__Lo sé, y lo siento.

Va oscureciendo rápidamente mientras siguen unidos en un abrazo solo interrumpido por montones de besos y caricias, de una ternura tal que no lo recordaban desde hacía muchos años.
Les faltan manos para acariciarse cuando dan las diez de la noche. Miran de reojo sus relojes y son conscientes de que está terminando este momento de pasión.
Llega el momento del adiós.
Llega el momento del dolor.
Parece que no se pueden despegar. Lo intenta cada uno pero el otro lo abraza con más firmeza cada momento.
Las gargantas tan sumamente doloridas que no pueden emitir una sola palabra.
Los ojos al rojo vivo imploran que no termine la noche. Si esto es un sueño no quieren despertar jamás.
Al cabo de unos minutos eternos las manos sudorosas van separándose poco a poco.
Solo les quedan unas pocas palabras...

__ ¿Cuando volveré a verte…?
__Pronto, espero...
__ ¿Sin planes?
__Sin planes.

Las luces rojas de su coche van haciéndose más y más pequeñas a medida que se aleja por la carretera. El silencio y la oscuridad se van adueñando del momento como profetas de un futuro incierto.
La esperanza luchando siempre por imponerse.

“Lo mejor está siempre por llegar”



“Albedo”

Madrid, 27 de septiembre de 2005


Escrito durante el Seminario de Telecomunicaciones organizado por IDC España en el Hotel Palace de Madrid.



Al otro lado del Castillo


Sus pasos hacían crujir el manto de escarabujo mientras su mente se esforzaba por entender, de una vez por todas, lo que estaba pasando en su vida.

Las nubes se iban tornando cada vez más oscuras y espesas amenazando mojar aquel pelo negro azabache. La cabeza ligeramente inclinada intentando descubrir alguna pequeña seta debajo del suelo reseco.

Toda la vida le gustó pasear durante el otoño por los montes donde transcurrió su juventud. Siempre fue una tradición el ir de paseo. Durante sus largas caminatas alternaba la meditación con la búsqueda de migueles, nízcalos o senderillas. Aquella tarde de octubre buscaba además los motivos por lo que todo para ella era tan terriblemente complicado.

Las primeras gotas comenzaban a caer sobre la capucha de su chubasquero azul. El suelo dejaba de crepitar, aliviado por la humedad que lo iba empapando.
Ella seguía caminando impasible, de forma autómata, indiferente a la lluvia. Las manos en los bolsillos, la mirada baja, mientras las primeras gotas resbalaban por su rostro.

Su vida hasta entonces había sido un cúmulo de trabajo y esfuerzo raramente recompensado. Hasta hoy solo sus hijos le aportaban la satisfacción que necesitaba. Su instinto maternal le había dominado siempre.

Las punteras de sus zapatos se iban mojando poco a poco y las jaras frescas comenzaban a humedecer sus pantalones vaqueros por debajo de las rodillas.

Hacía dieciocho años que había tenido su primera hija con la emoción y la ilusión que inundan esos momentos. Fue tal la experiencia que al poco tiempo quiso repetirla; hasta dos veces más en aquellos cinco años. Al cabo de un tiempo, sin darse cuenta de cómo se dibujaría su futuro, su pareja comenzaba a huir de las responsabilidades familiares que le atemorizaban.
Fue entonces cuando se dio cuenta de que el camino, a partir de entonces, lo seguiría recorriendo sola, completamente sola.

La tarde iba cayendo y la lluvia se había convertido en un orballo fresco que aliviaba el sofoco del largo paseo. Apenas algún champiñón silvestre había recogido hasta entonces mientras seguía pensando casi en voz alta.

Ella, desde la más absoluta soledad, estaba sacando adelante esa familia a base de sudor, de lágrimas y desesperación, recibiendo como única recompensa las cómplices miradas de sus pequeños cuando llegaba a casa al salir del trabajo. Para su pareja, como tantos otros, no era precisamente lo más gratificante el terminar la jornada escuchando los problemas y las experiencias de sus hijos durante el día.
No obstante, la casa estaba limpia, la ropa planchada y la carne guisada, caliente en su plato.
Mientras, su pareja le iba negando, primero el dinero para mantener a sus hijos, después el cariño y por fin la palabra y el apoyo que ella necesitaba.

Hoy solo le quedaba mirarle a los ojos preguntándole ¿por qué? mientras él rehuía cobardemente su mirada.

Así transcurrieron los años mientras el silencio entre los dos se iba imponiendo al igual que la distancia. En pocos años el cariño se transformó en pena y en rabia y en desilusión. En pocos años se fue levantando el muro que hoy les separa, muro que disgusto a disgusto, lágrima a lágrima, acabó por convertirse en un castillo infranqueable donde ella se refugiaba añorando un futuro mejor.

Apenas se vislumbra algo de luz, la suficiente para diferenciar alguna lepiota procera de los tocones de los pinos recién cortados. La niebla densa ha acabado con la lluvia y comienza a sentir frío. Si no fuese porque sigue caminando, le costaría evitar la tiritona. Los pies están empapados y en su camiseta la humedad del ambiente se ha mezclado con el sudor.


Hoy, su hija mayor ha emprendido el vuelo lejos de ella. Los dos pequeños todavía no se han independizado y su marido se ha afianzado en la figura de okupa de esa casa. Ella sigue okupándose de sus hijos, okupándose de su casa, okupándose de sus padres, de sus familiares enfermos... en fin, de todo.
Los problemas se han enquistado y el dolor prácticamente ha desaparecido solapado por la esperanza de un cambio renovador.
Y sigue preguntándose que es lo que ha hecho mal. Por qué la vida le niega un momento de felicidad.

Va abandonando el bosque oscuro para enfilar el sendero que asciende al castillo. El polvo del camino se ha transformado en un barro arcilloso y suave. La noche le ha sorprendido casi sin darse cuenta pero no necesita luz para subir a la fortaleza. Conoce el camino de sobra. Remonta la última rampa de acceso sintiendo un frescor agradable en su rostro. Va recordando cada una de las veces que subió en su juventud, cuando la ilusión por el futuro le ocupaba toda su mente.
Hoy, en esta noche húmeda y fría solo se escucha el clic de su mechero al prender un cigarrillo. El humo templado contrasta con la brisa helada de la noche.
Al otro lado del castillo, encima del horizonte, se vislumbra una pequeña luz extremadamente brillante. Es Venus, el primer cuerpo celeste que nace al anochecer.
Se queda observándolo hipnotizada, con la vista perdida y la mente en blanco.


A muchos lejos de allí, en lo alto de una cumbre tapizada de nieve, alguien se debate entre la incertidumbre y la esperanza. Toda su vida ha sido una especie de esquizofrenia existencial. Las contradicciones le llevaron al refugio de sus montañas y hoy día suponen un retiro donde no caben los problemas mundanos. Aislado entre el cielo y la tierra observa maravillado el brillo de una estrella lejana. No parpadea mientras se sorprende de la atracción que supone aquel astro. Siente que aquella luz deberá guiarle en el futuro hacia otro mundo de ilusión. La ilusión que perdió cuando hace unos años abandonó la esperanza de recuperar a su amada.

Han pasado muchos años desde aquella noche.
Ella, al fin, tomó la decisión que debía haber tomado hace tantos años atrás.
Él, separado y solo vive inmerso en la soledad de sus sueños.


La luna llena ilumina hoy esta noche de verano.
En los prados verdes de un pueblo llamado Medina, unos críos pequeños y escandalosos juegan a la pelota, felices.
Sus padres apuran los postres de las Clarisas en el restaurante de enfrente.

__ Tu madre y yo vamos a salir a dar un paseo.
__ ¡Mirar qué hacen los chicos!


Una pareja de viejos pasea sus achaques por los alrededores de la muralla, lejos del campo de fútbol.

__ ¿A donde vais, abuelo?
__ A dar un paseo.

Cogidos de las manos húmedas y frías se sientan en un banco de madera carcomida mirando al valle.

__ Mira esa estrella como brilla.
__ Es Venus.
__ ¿Si?
__Sí...La diosa del amor


“Albedo”


Madrid, 17/11/2005

La Danza de los Ojos Cómplices



El sonido infernal procedía del coche aparcado en el borde de la carretera de acceso a la ermita. Las cinco puertas abiertas de par en par de forma que las dos de la parte izquierda del vehículo, casi invaden la calzada. Cuatro o cinco chavales jóvenes van sacando grandes botellones con calimocho y otros combinados.

__ ¡Me cago en dios, saca la birra de una puta vez!

Son las once de la noche. Las chicas, mínimamente vestidas con unos shorts y camisetas escotadas disfrutan claramente con la conversación.

__ ¡Vete a tomar por culo, gilipollas!
__ ¡Cállate ya, hijoputa!

Siente una agradable sensación cuando recuerda los años en los que salían a pasear por la ermita con el único objetivo de flirtear con las chicas del pueblo. Entonces lo que menos necesitaban era música a todo volumen y gritos estridentes. La discreción era fundamental, aquellos días de verano.

Una anciana con el pelo completamente blanco, se va acercando lentamente, paso a paso a la puerta de la ermita, donde hay una mínima portezuela enrejada por la que se ve el interior iluminado tenuemente por un cirio casi consumido en un charco de cera. La mujer se santigua despacio a la vez que entorna los ojos. Al cabo de un par de minutos vuelve a santiguarse, da media vuelta y comienza a subir con esfuerzo la cuesta que le separa del pueblo.

__ ¡Tíaaaaa, pasa la farlopa, coño…!
__ ¡Que te jodan tío!

Hace muchos años desde que aquella pandilla pasaba las tardes en la ermita del pueblo. Entonces, se escondían en la parte trasera donde había un pollete de piedra suficientemente discreto como para preguntarse en voz baja si podían darse la mano. De fondo solo oían el chirriar de las chicharras y de vez en cuando el motor de algún coche que pasaba a toda velocidad hacia el interior del pueblo.

Hoy, después de cenar, se ha acercado a echar un vistazo a la parte trasera de la ermita ante la total indeferencia de los jóvenes. Lo que antaño era una pradera de hierba fresca y limpia que invitaba a tumbarse y mirar las estrellas, hoy es casi un vertedero lleno de botellas de plástico y latas oxidadas. Apenas alguna brizna de hierba ha sobrevivido a este desastre.

Es la primera noche de fiestas y todavía no ha visto a ninguno de sus viejos amigos. Sigue paseando por los alrededores del pueblo, haciendo tiempo hasta que comienzan los primeros ajustes de la orquesta.
Este año algo ha cambiado en su vida pero no le impide sentir la misma expectación por reencontrarse con sus antiguos compañeros de tantas aventuras.

También estará Ella.

También con la misma emoción.

El ritual se repite un año más sin que por ello pierda expectación. Nada más llegar se encuentra con su viejo amigo de siempre.
__ ¡Hombre, ya es hora que aparezcas!
__ ¿Creías que no vendría o que?
__ ¿Cómo estás?
__ ¡De p. madre!
__ Como siempre
__ ¿Donde están las chicas?
__ Solo he visto a una…

Ya parece que la orquesta ha terminado de ecualizar mientras llega una de ellas

__ ¡Holaaaaaa…! ¿Cómo estás?
__ He estado mejor
__ ¿Y eso?
__ ¡El año, que ha sido duro!
__ Ja, ja, ja…

La orquesta arranca definitivamente a ritmo de pasodoble, que es lo que procede.

Los botellines comienzan a refrescar las gargantas resecas.

Va acudiendo cada vez mas gente atraída por la música que comienza a ser estruendosa. Todavía no ha aparecido Ella.
El aire se va refrescando a medida que transcurre la noche. Se sientan los tres en las sillas de la terraza del bar comentando los temas habituales mientras él escudriña cada uno de los rincones de la plaza esperando el primer cruce de miradas. Al cabo de un rato aparece la última pieza de aquel puzzle maravilloso.

Viene bajando la calle con su andar peculiar.

Los ojos como aguijones.

Pocas palabras.

Y entrecortadas.

Comienza el baile de miradas.
La danza de los ojos cómplices.
__ ¿Qué?
__ Nada

Los cuatro juntos se miran unos a otros mostrando unas leves sonrisas pícaras.

__Os vemos muy bien…
__Vosotros tampoco habéis cambiado.

Como todos los años comienza el juego de miradas disimuladas y tímidas.
Las frases con doble intención se apropian de la tertulia.
Los pasodobles y los valses se van transformando en románticas baladas que aderezan los viejos y entrañables recuerdos.

El reloj de la plaza parece tener prisa en marcar la hora en la que los borrachos duermen la moña y la mitad del puzzle se plantea retirarse a descansar.
Nadie queda ya en la plaza salvo los encargados de limpiarla esta noche.
Él se niega a retirar los ojos de su chica mientras comienza a barrer uno de los bordillos.
__ ¡Déjame a mí un poco…!

Se van relevando los dos intentando lograr un leve contacto de sus manos cada vez que se intercambian el cepillo. Siempre prestando atención para que no los vean juntos mas de unos segundos.
La plaza está ya limpia y él no tiene ya motivo de permanecer allí si no es para mirarle una vez más. Pero no puede ser. Opta por abandonar la plaza antes de que alguien se fije en sus ojos vidriosos.
No tiene más remedio que conformarse con un __ ¡Hasta pronto! sin mirarle a los ojos. Un desconsolado broche a una velada plena de sensaciones difícilmente explicables.

Pero se niega a terminar la noche. Ese viejo nudo en la garganta le obliga a enfilar la cuesta que termina en las eras donde una montaña de grano recién cosechado le invita a tumbarse en lo más alto.
Las lágrimas de San Lorenzo pasan fugaces cada minuto por el eterno infinito. Otras lágrimas van resbalando por sus mejillas provocando un escalofrío mientras sus ojos se van cerrando despidiéndose del espectáculo fugaz.

Mañana la Luna será llena.

Lo mejor siempre está por llegar.

De nuevo, mañana.


“Albedo”



Quintanas de Gormaz

25 de julio de 2006

El Tonto del Cubo



El año pasado, por estas fechas, tuvimos la ocasión de visitar las huellas (icnitas)
que un mamífero prehistórico dejó grabadas en una antigua charca hace 25 millones de años en lo que hoy es la localidad oscense de Abiego. La claridad de esas huellas nos impresionó gratamente y por unos momentos nos intentamos remontar a aquella época imaginando cómo sería aquel paraje lleno de animales impresionantes.
Hace unos días hemos vuelto por la zona acompañados por unos amigos que tenían interés en conocer las icnitas de Abiego. Nos bajamos de los coches muy orgullosos de poder mostrarles las huellas pero cual fue nuestra sorpresa cuando al llegar al lugar nos encontramos con que muchas de las huellas han sido embadurnadas de una pintura negra parecida a brea. Después de volvernos locos buscando un motivo de semejante cosa, llegamos a la conclusión de que las habían pintado para que resaltaran más sobre la caliza blanca. En esta ocasión, en vez de ponernos a imaginar como era el paraje hace 45 millones de años, nos preguntamos: ¿Cual ha sido el criterio para pintar unas icnitas que se veían perfectamente a simple vista? ¿Quién ha sido el cretino que ha decidido toquetear, alegremente, algo que ha permanecido 45 millones de años inalterable?
¿Cómo es posible que se nos prive de admirar algo tan natural?

Claro, debe ser el mismo imbécil que se llevó hace años las losas que aparecieron con icnitas de un apreciable tamaño.

¿Sería posible encontrar al tonto del cubo y la brocha?
¿Alguien ha visto a esa lumbrera?
¿Tendrá la autorización del Ayuntamiento de Abiego?
¿Tendrá el consentimiento de algún catedrático de Paleontología?
¿Se puede actuar judicialmente contra él?

En el pueblo, dos lugareños de avanzada edad sentados en un poyete de la calle nos comentan con tristeza, que no saben porqué han pintado las huellas. Ni ellos mismos lo entienden.

Nos volvemos a subir a los coches pensando en dejar un cartel…

“SE BUSCA Al IMBÉCIL DEL CUBO Y LA BROCHA”

1 de enero de 2006




01.- El Convento de las Alemanas


Lo más importante es no olvidar nada. La combinación de recorridos está hecha. Mucho costó conseguir que los trenes partieran y llegaran a una hora conveniente, el día conveniente y al destino exacto.
El sábado, día 24 de Julio de 1.993, después de comer, preparaba el equipo con especial atención y con las dudas de siempre acerca de aquello que sobra, esto que falta...
Mientras transcurre la noche sigue dándole vueltas a la cabeza. ¿Faltará algo? ¿Cómo será aquello? ...

Las 9:30 h. La mañana, fresca. Se rueda bien por la autopista A-1. Va recordando algún libro de viajes de D. Camilo. Piensa que su trabajo le lleva también a ser El Viajero.
Van pasando los pueblos de dos en dos y se da cuenta de que esta furgoneta es mucho mejor que aquella otra tan antigua.
__Son las 10 h... llegaré a las 13:30 h.

Hace algo más de calor y conviene abrir un poco las ventanillas. Pronto llega a Burgos y pone especial atención en no pasarse el desvío a Bilbao. Aparecen algunas nubes que descargan un pequeño chaparrón. Estamos en el País Vasco.
Se pasa el desvío hacia Amurrio pero piensa que no importa demasiado. El paisaje es impresionante, la temperatura suave y sería agradable comer algo en las inmediaciones de Bilbao.
En el Área de Servicio hay varios camiones y turismos aparcados a la única sombra de algunos árboles recién plantados. El Restaurante se encuentra situado en una pasarela sobre la autopista. El viajero compra un plano de Bilbao en la tienda de souvenirs y lo va hojeando mientras llega el camarero con la carta.
En el Norte suelen ser exquisitos los pimientos rojos del piquillo. Los que acompañaban el Plato Combinado Nº 2 son pimientos morrones de bote. El huevo frito, no.
Sentado en una de las sillas del restaurante observa pasar los coches por la autopista a toda velocidad.
__ ¿Tomará postre el señor?
__No, gracias, un cortado.
__Café en la barra, señor
__Muchas gracias, la cuenta.

La carretera de Valmaseda es estrecha y llena de curvas. El paisaje verde invade las cunetas como intentando borrar el trazado sinuoso. El viajero piensa lo penoso de realizar este recorrido de noche y después de un largo viaje en tren. Siente una extraña emoción esperando que aparezca Arceniega detrás de cualquier loma verde. Después de una curva, al dejar atrás un antiguo santuario, aparecen las primeras casuchas del pueblo. Viejo pueblo vasco cercado por las nuevas edificaciones turísticas. Después de cruzar de una punta a otra, buscando el clásico frontón, el viajero da con un espléndido frontón cubierto de uralita, bien provisto de gradas, bar etc., ocupado por varios chavales que juegan a la pelota. Enfrente, el bar Eskola.

__Buenas, ¿el Convento de las Alemanas?
__Ven, te enseño, aquella puerta verde.
__Gracias, muchas gracias.

Al otro lado de la verja hace guardia un Castaño de Indias de más de metro y medio de diámetro y unos treinta metros de altura que flanquea la puerta principal del edificio colonial de cuatro plantas.
Alguien pasea por los cuidados jardines.
__Por favor, la Hermana Blanca Modino. . .
__¡Oh, oh! yes, yes, ¡one moment please!
__Si, si, espero.
La Hermana Blanca viste con una vieja camiseta rosa, desteñida y su pelo largo le rodea los hombros.
La Hermana Blanca trabaja por las mañanas en el Obispado, en Bilbao y por las tardes en el Convento. La Hermana Blanca Modino se muestra muy amable y servicial con el viajero pero la Hermana Blanca Modino no tiene ni la más remota idea de la instalación que deberá realizar el técnico.
La Hermana Blanca Modino debe tener alrededor de cincuenta años y quiere que nos tratemos de tú.
A la Hermana Blanca Modino le parece más fácil así.
Al viajero le parece más difícil así.
Mientras el viajero va montando el equipo en uno de los salones del convento, las hermanas coreanas van componiendo un centro de flores silvestres en el centro de la sala.
La resonancia de la sala es magnífica para el canto gregoriano.
Para la traducción simultánea es otra cosa.
La Hermana Blanca Modino pidió material para tres idiomas y dos cabinas de traducción.
La Hermana Nícola Spencer quiere para cuatro idiomas y tres cabinas.
La Hermana Blanca Modino pidió doce micrófonos. El técnico piensa que con menos de dieciocho no hace nada.
La Hermana Nícola Spencer quiere practicar a las 19:30 h. Al técnico le parece correcta esa hora. El técnico no tiene preferencias a la hora de comenzar el martirio. El técnico otea los confines del Convento con la vaga esperanza de encontrar algo parecido a un intérprete. No encuentra a nadie con esos rasgos.
Al cabo de un rato el técnico le pregunta a Nícola donde están los intérpretes. Nícola le responde que serán ellas mismas las que realizarán la labor de interpretación. A las siete y media de la tarde piensa que no es el mejor momento para dejar de fumar.

Después de una hora probando consiguen entender que si no hablan en la sala, no se traduce en las cabinas.
La cena es en comunidad. Cada uno se sirve un poco de alimento y a continuación lleva sus platos a la cocina.
Las maletas del viajero aguardan pacientemente a que el Sr. Párroco baje la llave de la habitación del viajero. No tiene ni idea de que va a descansar en el Santuario de Ntra. Sra. del Encina. El Sr. Párroco, el cura del otro pueblo y un joven seminarista también moran en dicho Santuario. Si hubiera sabido que iba a compartir morada con el Sr. Párroco, otro cura y un seminarista, se lo hubiera pensado dos veces antes de asumir este trabajo.
Cuando el Sr. Párroco baja la llave del Santuario de Ntra. Sra. del Encina, el viajero, la hermana Blanca Modino y la hermana Sabina parten raudos enfilando la cuesta que termina en los jardines del Santuario de Ntra. Sra. del Encina. Una vez dentro y luego de despedir a las hermanas, el Sr. Párroco, Jesús para el viajero, le va explicando las numerosas palomillas que tienen como misión encender, en unos casos, y apagar en otros las numerosas pero pobres lámparas que cuelgan por los pasillos. El viajero siente un gran alivio cuando el Sr. Párroco, Jesús para los amigos, le muestra sus aposentos y en éstos encuentra una única cama. Alrededor del lecho hay una ventana arqueada del siglo XV y una pequeña mesa de cocina. También hay a un lado una silla. Las paredes recién encaladas contrastan con el arco del siglo XV.
El viajero piensa que no necesita más explicaciones, sino las llaves del Santuario y meterse en el jergón.

El viajero cree que por hoy ya está bien y que mañana será otro día.

Un lejano tintineo de cencerro es suficiente para despertar al viajero. Las ovejas pastan al amanecer. El viajero siente de veras no haber preguntado al Sr. Párroco donde estaba el calentador de agua para la ducha matutina.
Las hermanas desayunan temprano. Pan, mantequilla, mermelada y un poco de café de puchero.
La hermana Sabina no lleva el hábito. La hermana Sabina debe tener alrededor de veinte años y nadie diría que es una religiosa. No tiene nada que ver con las demás monjas convencionales. Las madres y hermanas de cierta edad se echan las manos a la cabeza cada vez que Sabina abre la boca. Una hermana de Papua New Guinea le pregunta, en inglés:
__ ¿A qué hora comenzamos la sesión, Sabina?
__Sí, hermana, la leche está en la jarra blanca.
La joven Sabina entiende la vida con mucho humor pero no entiende ni una palabra de inglés.
La hermana Bocatta viene desde Alemania y su destino será China. De sesenta años de edad, alta y chepuda. Sabina le pregunta cómo es que se llama Bocatta pero la alemana no entiende ni una palabra de español. Solo inglés, francés, alemán, italiano y coreano.
La hermana Nícola, de tez extremadamente clara y ojos azules brillantes, es quien se ocupa de la organización de los ejercicios espirituales. Cuenta que otros años montaban ellas mismas el sistema de traducción simultánea.
Por cable.
Desastre.
Durante la comida Sabina sigue bromeando. Lucía, la hermana peruana, no deja de reírse con una sonrisa menuda y tímida. Casi le falta tiempo para comer mientras ríe y ríe. El resto de las hermanas no saben muy bien cómo tomarse las bromas de Sabina pero ella sigue haciendo muecas y visajes. El viajero siente la necesidad de dejarse evangelizar por Sabina.
La tarde transcurre tranquila y serena. Las hermanas van empleando quince minutos cada una para contar sus experiencias más recientes. A media tarde llega el padre Christiane, irlandés, quién celebrará la eucaristía en el mismo aula donde se celebra la reunión. Se viste, el padre, con la habilidad y destreza de quien lo hace varias veces al día. Comienza la Santa Misa con los cánticos de las hermanas. Voces agudas que resuenan por el aula vacía. El padre intenta seguir los cánticos pero su voz es grave, distorsiona y no llega, consiguiendo un resultado nefasto. Él lo sabe y su color rojizo, de irlandés, se confunde con su retraimiento.
Termina la Santa Misa con la comunión de todos los participantes menos la del técnico, quien advierte a la hermana Nícola que no tendrá el gusto de cenar con la comunidad ya que tiene pensado bajar a Bilbao.
__ ¡Que disfrutes, Peter!
__ ¡Gracias, sister!

El cielo está plomizo, esta mañana. El viajero baja la cuesta que separa el Santuario del Convento. Anda a buen paso. Desayuna un poco de embutido y zumo y se dispone a comenzar la sesión matinal. El control del técnico comienza a estar saturado de pequeños obsequios que las hermanas de los distintos países le van regalando. Hojas de hierbas americanas; caramelos alemanes; bolsas de colores coreanas; estampitas con imágenes religiosas; postales de lugares exóticos, etc.
A la hora del almuerzo la mesa hispano-parlante está al completo. Luci, de Perú; Josefina de México; Sabina de Sevilla; Escolapia de Bolivia y el técnico, de Soria.
La hermana Francisca tiene setenta y cinco años y una afición ciega a la cerveza. Las hermanas responsables de la cocina disponen todos los días una mesita con dos litronas de cerveza a estrenar. La hermana Francisca da cuenta de media botella. La hermana Sabina y el viajero dan cuenta de la otra restante. La hermana Francisca chupa la chapa, a los postres.
Arroz blanco vaporizado, ensalada de tomate, lechuga y patata cocida, componen el menú. El viajero intenta realizar una segunda incursión hacia la mesa de las viandas pero sin éxito. La hermana Francisca tiene también buen apetito. El viajero opta por recargar su vaso de cerveza antes de que sea tarde y se bate en retirada. Se promete a sí mismo andar más espabilado la próxima vez.
El viajero pesaba 70 kilos. Cuando llegó al Convento.
__ ¡Vamos, a por el vicio…!__ exclama la hermana Sabina llenando de nuevo su vaso.
__ ¿Sabéis aquel que dice...?
__Mamá, ¿puedo echar a la primitiva?
__Sí, anda, échala.
__ ¡Ala, abuela, a la puta calle!

La hermana Luci ríe con timidez mientras el resto de los comensales no sabe muy bien si reír o llorar. Sabina sigue a lo suyo.
El postre está compuesto de natillas con hojaldre, almendras y melocotón en almíbar. Todo ello rigurosamente casero. Comienzan a producirse escaramuzas para no quedarse sin natillas.
Después de la presentación del informe sobre Estados Unidos, hay media hora de meditación. El viajero piensa que un buen lugar de meditación sería el bar de la plaza, saboreando un pacharán de la tierra.
Las hermanas coreanas ambientan su presentación ataviadas con trajes regionales y músicas de kayago. Sus vestidos están pensados para disimular las partes femeninas. Debajo del shary las hermanas portan un gran machete para poder suicidarse en caso de intento de violación.
Las hermanas de Papua New Guinea le obsequian al técnico con una caracola enorme procedente de la isla de Tanga. El técnico está agradecido y piensa que debe corresponder de alguna forma.
La hermana Nícola le pregunta al técnico si éste es practicante.
El menú para cenar lo componen: arroz blanco vaporizado, lechuga del huerto y judías verdes con patatas cocidas. Ya está la mesa hispana formada.
__Pedro, ¿has sentido alguna vez la llamada de Dios?
El técnico piensa que ha llegado su hora.
El viajero siempre tuvo claro el cómo zafarse de estas situaciones.
Al técnico le miran las cuatro hermanas a la vez, ávidas de una respuesta conveniente.
__Hermanas, estoy casado y tengo un hijo de dos años.
__No importa, el Señor llama a sus siervos de muchas formas.
__Hermanas, a mí, el Señor me escogió para facilitar la comunicación entre los hombres.
Todas asienten complacidas moviendo la cabeza de arriba a abajo.
El técnico cree que ha salido airoso del trance.
El silencio se adueña de los comensales.
El viajero comienza a relajarse.
Por la tarde van subiendo los grados y en la sala ya hace un poco de calor. El ruido del motor del tractor que recoge la hierba, obliga a cerrar las ventanas. A estas alturas la mesa del control del técnico parece el chiringuito de un mercadillo marroquí. El padre se vuelve a vestir para celebrar la Santa Misa.
Comienzan con un cántico a tres voces.
__Aleluya, aleluya, alelu... alelu... aleluyaaaaaa.
Llega la hora de la comunión. La hermana Francisca, la que da buena cuenta de la cerveza en el comedor, se las arregla siempre para comulgar la última. De esta forma termina siempre con el culín de vino del cáliz.
La Santa Misa termina con un cántico. El padre Christy se va quitando el sayo mientras suenan las últimas notas__... Aleluya, aleluya, alelu... alelu...aleluyaaaaa.

__ ¡Peter, quédate a cenar esta noche, tío, la abuela ha hecho tartas!
__ ¡Vale, Sabina!
El viajero piensa seriamente que la hermana Sabina tendrá serios problemas para llegar a los votos perpetuos si sigue así. Sabina es capaz de agotar a la Madre Superiora. El técnico cree que la hermana Sabina si no consiguiera los votos perpetuos tendría mucho éxito como animadora turística en cualquier playa del país.
__ ¡Peter! ¿Has cortado ya el turrón? ¡Que llegan las pirañas!
__Voy Sabina, voy.


El viernes es el último día del técnico en el Convento de las Alemanas.
Después del desayuno las hermanas de Papua, ataviadas con sus trajes regionales, hacen la presentación de la Biblia según ritos indígenas. Rodeando sus cabezas, adornos de plumas. En las mejillas, pájaros de libertad blancos contrastando con su piel oscura. El aire invadido por sonidos de tang tang. Todo rezuma espiritualidad.
El irlandés habla y habla sin parar: "Isaías, Jeremías..."
El viajero comienza a notar una cierta "melancolía africana". Al técnico le quedan pocas horas para ir alejándose del exotismo espiritual del Convento. Los fundamentos espirituales del viajero se han visto afectados por la experiencia y le gustaría corresponder a tanta amabilidad y simpatía. Recoge unas cuantas flores silvestres de alguna cuneta, las pone en un recipiente con agua y lo coloca a un lado del improvisado altar, en el centro de la sala. Nícola, al verlo, se emociona. Comenta algo que hace sonrojar al técnico.
Los caramelos alemanes son muy buenos y dulces.
La mañana está soleada.
El viejo jardinero siega la hierba.
La hermana Luci va al huerto a por unas lechugas para la comida.
Al tetrapléjico del pueblo lo han sacado a pasear en su silla de ruedas.
Cantan los pájaros en Arceniega.

__En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo…
Reza el padre Christiane.
__In the name the Phader...
Reza la hermana Ingemar.
__Demos gracias a Dios por estar aquí reunidos e invitemos a Pedro a compartir esta eucaristía…
Por un momento el viajero piensa que se refiere al apóstol Pedro.
__....invitemos a Pedro que tanto nos ayuda detrás del escenario…
El técnico ahora está seguro de que no se refería al Apóstol. Al técnico se le van complicando las cosas. Como esto siga así, comulgará al final de la eucaristía.
__Pedro, ¿te gustaría participar?
__No estoy preparado, Nícola...
__No esperes nunca a estar preparado.
Al técnico le ha llegado el momento de integrarse completamente en el grupo y se dispone a tomar la comunión. Quién se lo iba a decir hace unos días…

Al técnico le ha llegado su última noche en el Convento.
Las hermanas le halagan con una pequeña fiesta de despedida para lo que tampoco estaba preparado. Helados de bombón, pacharán casero, dulces y una entrañable despedida. El técnico se encuentra incómodo siendo el protagonista de la velada.
Sabina quiere que la destinen a Papua New Guinea.
Nícola piensa que estará mejor en Arceniega.

Algunos abrazos, fuertes.
Algunas lágrimas, contenidas.
Nícola coge con sus manos la mano de su hombre especial. Sus ojos verdes y cansados se fijan en los de él. La garganta parece romperse.
El técnico piensa que, dada la edad de Nícola Spencer, quizás nunca más se volverán a encontrar.
__ ¡Hasta la vista, Peter!
__Hasta siempre, querida Nícola…

Termina la velada y el viajero sube lentamente la cuesta de acceso al Santuario de Nuestra Sra. del Encina, del siglo XV.
El aire limpio y fresco llena sus pulmones.
La Luna lucha por hacerse un hueco entre las nubes.
El viajero se mete en la cama y cerrando los ojos va recordando la entrañable despedida.


El Sol sigue durmiendo cuando el viajero deja el Santuario, de madrugada.
Hace frío. Toma un café cortado en la estación esperando la llegada de su tren. El tren del regreso.
Una parte del viajero no cogió ese tren. Algo de él mismo se quedó en aquel lugar para siempre.

Al cabo de unos meses el viajero escribió un e-mail a Roma a nombre de Nícola Spencer.
La respuesta fue la siguiente:

Estimado Sr. Ramos:
Mi nombre es Flavio Casterelli, mayor de la Orden de las Hermanas Alemanas en Roma. Me duele comunicarle que nuestra Hermana Nícola Spencer Brown falleció hace unas semanas en la aldea de Utai, al sur de Angola. El motivo de su muerte fue el brutal asesinato por parte de un grupo de utus quienes asaltaron la misión donde desarrollaba su trabajo. Nuestra hermana se sacrificó hasta el final de sus días sirviendo a los más desfavorecidos.
Que el Señor la acoja en su seno.

Atentamente.

Flavio Casterelli.

28 de noviembre de 2005


02.- De Arceniega a Menorca



De los achacosos y húmedos muros del Convento vasco a las soleadas y alegres calas menorquinas, apenas han pasado unos días, eso sí, muy intensos; viajes por carretera, aeropuertos, aviones… El viajero rodeado de su familia y algunos amigos se dispone a pasar unos días de tranquilidad en alguna pequeña isla cercana y ello supone el poner en marcha una pequeña infraestructura. Nada que no se pueda resolver en pocos minutos; billetes de avión, tarjetas de embarque, tarjeta del parking, tarjetas de crédito, tarjetas de la Seguridad Social, tarjetas postales, botiquín, pastillas para la fiebre infantil, píldoras para estados hipertérmicos, pastillas para diarrea infantil, comprimidos anticolitis agudas, pastillas para el estreñimiento infantil, diuréticos para adultos, crema solar " Body Milk", crema solar "Piz Bun", crema solar "Vichy" crema after sun "Body Milk", crema after sun "Piz Bun", crema after sun "Vichy", un bote de Aposán, un frasco de Rhinomer, un tubo de Thrombocid, un sobre de Augmentine, un tubo de Diprogenta, una pomada Mustela, una caja de Airtal Difucrem, tres de Aspirina efervescente Bayer, pastillas de Febrectal, dos tubos de Azarón, un frasco de Rinocusí vitamínico, una caja de Febrectal en comprimidos, cinco ampollas de Nolotil en suspensión, un frasco de Micebrina, una caja de supositorios Gelosán, una caja de Mahou cinco Estrellas, dos botellas de Ballantines, una de Polaramine, otra de Nicopén, una dosis de Parlodel, un frasco de Inistol, dos tubos de Ibitane, dos de Signal Plus, un cartón de Ducados y unas galletitas de chocolate para ir picando en el avión. A los dos días de deshidratarse por aquella isla y pensando que podía tener desde una peritonitis aguda hasta un ataque de apendicitis, el viajero decide visitar al médico de la localidad y salir de dudas. Diagnóstico: inflamación de colon. Prescripción: descanso y dieta durante una semana. Tratamiento: Colonestrip en suspensión, Diurisán en gotas y jamón de York en lonchas finas. El técnico echa una mirada rápida por el botiquín que transportaron a la isla con la vaga ilusión de que aparezcan, entre tantos botes, algo parecido al Colonestrip o al Diurisán. Sin éxito. Pasa la semana de dieta del viajero y pasa la semana en la cual debían manifestarse los síntomas menstruales de su mujer. Después de utilizar todos los métodos al alcance se convencen de que es un embarazo en toda regla. Al reposo del viajero se une el de su mujer con lo cual solo queda activo Diego, el hijo de ambos. Van pasando rápidamente los últimos días de verano y después de un caluroso y muy penoso regreso, cada uno vuelve a hacer frente a sus obligaciones cotidianas con más incertidumbre que verdadera emoción. El técnico comienza a preparar nuevos viajes... Pamplona, Cádiz, Alicante... Congresos, Simposios, Reuniones, Conferencias. . . Informática, Medicina, Marketing. . . El técnico se pierde en un sinfín de sitios, temas, gentes diversas.

28 de octubre de 2005



03.- Bienvenido, Hepatito


Va pasando el Otoño poco a poco y enseguida llega la Primavera y con ella el momento de volver a ser padres por segunda vez. El proceso se ha desarrollado con toda normalidad hasta el momento y la pareja se siente ya muy veterana en estos asuntos. Faltan todavía diez días de Abril para el gran momento cuando por la noche la mujer del técnico comienza a estar más incómoda de lo normal. Optan por tranquilizarse y descansar y la mañana siguiente, después de inaugurar el Congreso en el Ministerio de Agricultura, el técnico vuelve a por su mujer y los dos se dirigen a la Clínica donde a las once de la mañana del 22 de Abril de 1.994 comienzan las contracciones mientras el padre mantiene una viva conversación con el ginecólogo a cerca de los últimos avances en traumatología y organización de Congresos. Es en el momento cumbre cuando el padre se coloca donde le indica la comadrona, lugar desde el cual no ve absolutamente nada aunque no es obstáculo para que disimuladamente se coloque en una mejor ubicación y poder contemplar el parto en su totalidad. Los padres de la criatura vuelven a repetir la experiencia de paternidad sin grandes emociones y con mucha tranquilidad, sin lágrimas ni aspavientos. El ginecólogo va cosiendo mientras comenta con el padre las últimas anécdotas producidas con la traducción simultánea en algún simposium. El padre escucha sin atender preocupado en cierta forma por la forma de coser del Doctor. Cada dos o tres puntos de sutura dirige la mirada al técnico, sin soltar la aguja, enrollándose sobre los distintos aspectos de la Medicina Tradicional. El técnico piensa que es mejor no darle más conversación pues a este paso puede terminar de coser el día en el que el pequeño aprenda a hablar. Mientras la madre bufa y rebufa mirando fijamente al plafón del quirófano sin dejar de pensar en el momento en el que terminará la calceta. Ya en la habitación se suceden las visitas familiares, las felicitaciones y los ramos de flores entre comentarios de lo bien que ha ido todo y a la espera de que bajen a la criatura a los brazos de su madre. Pasan estos momentos con la satisfacción de la nueva experiencia y contando los minutos que faltan para poder abrazar a su hijito. Se suceden las llamadas por teléfono, las nuevas visitas pero parece que el tiempo se ha parado. Son ya las tres de la tarde y comienzan a pensar si es normal tanto tiempo en la incubadora, al fin y al cabo ha nacido con diez días de antelación. El padre se resiste un poco a investigar que es lo que ocurre y preferiría dejar más tiempo antes de recibir noticias no deseadas. La presión es tanta allí abajo que no le queda más remedio que subir a Neonatos y preguntar por su hijo. En el piso de arriba hay una especie de larga cola de padres preguntones que pacientemente esperan recibir noticias de sus retoños detrás de una mampara de cristal. El técnico se adelanta y en un momento en que se abre la puerta pregunta al doctor: __ ¿Que hay de lo mío Dr.? __ Pase un momento, por favor... En el interior de la sala hay tres personas que miran al padre de forma especial. __ ¿Es usted el padre de Jorge? __Sí, soy yo. ¿Está bien? __Bueno, no todo lo que quisiéramos. __Dígame. __A su hijo le hemos detectado una trombocitopenia severa. No tiene apenas plaquetas. __ ¿Es grave? __Sería muy grave en el caso de que tuviera cualquier pequeña hemorragia. Son muy pocos segundos los que transcurren mientras todo se viene abajo. Son muchísimas las preguntas que se le ocurre cuestionar mientras su mente se desplaza hasta la habitación donde espera su mujer. Se niega a admitir el problema. El miedo le paraliza. Los tres especialistas no le quitan la mirada de encima como esperando una reacción. No hay reacción. Le enseñan a su pequeño que duerme profundamente entre sábanas relucientes ajeno todavía a los estúpidos caprichos del destino. El neonatólogo le explica técnicamente en que consiste la trombocitopenia. __Jorge solo tiene 20.000 plaquetas frente a las 175.000 que debía tener, igual que su madre. Esto hace que su índice de coagulación sea casi nulo. El incrédulo padre tiende a preguntar si han contado bien las plaquetas. No lo hace. Tiende a preguntar cómo se lo cuenta a su mujer. No lo hace. Tiende a soltar una lágrima. No lo hace. No puede hacer nada. Todo es impotencia, rabia y asco. Llega el momento de bajar a la habitación, pero no quiere bajar. Quiere quedarse allí con su hijito y contarle las plaquetas, una por una, él, personalmente. Piensa que en esta Clínica no saben contar plaquetas. En el parto estaba todo bien, estaban todas las plaquetas, estaban todos contentos, el ginecólogo, el neonatólogo, la comadrona, la madre, el padre... y cuatro horas más tarde en una especie de sesión clínica le dicen que no hay plaquetas. Que si sangra se muere. ¡Cómo coño se va a morir si apenas ha nacido! ¿Cómo puede desaparecer si su madre no lo ha visto todavía? Alguien debería hacer algo. ¡No es posible llevar durante nueve meses una criatura dentro y nada más parir, perderlo por unas cuantas plaquetas de mierda! ¡No es justo! Se niega a todo. No admite nada. No quiere bajar. No quiere mirarle a los ojos a su mujer. No quiere ser el nefasto mensajero de quien se esperan buenas nuevas. Se niega a que todos los que están en la habitación con Lola le miren a la vez suplicando que les cuenten todas y cada una de las incidencias. Respira hondo dos veces en el ascensor, antes de abrir la puerta de la habitación. __ ¡Está bien!, solo que pesa muy poco y lo van a tener en la incubadora un poco más. Todos lo creen. Su madre no. Le mira a los ojos desconfiando. Ella sabe que ocurre algo. Parece que le dice con la mirada __ me engañas, lo sé.__ Todos se han ido ya y solo quedan las dos enfermeras particulares de la familia, la tía y la hermana del técnico. Por un momento dejan la habitación y tomando un café el padre les cuenta el asunto. Apenas lo han encajado se dirige a la habitación de nuevo y ya solos se dispone al relato. Sus ojos van sudando poco a poco. Ninguna gota se atreve a descolgarse por las mejillas aun hinchadas por el esfuerzo. Sólo una pregunta al terminar las explicaciones: __ ¿Se va a morir? __No lo sé. Son las cuatro o las cinco de la tarde cuando llega a la Clínica Belén la ambulancia del Insalud con la incubadora móvil. El sanitario le comunica al padre que no puede ir en la ambulancia con ellos pero que pueden quedar en la puerta de Urgencias de La Paz. El técnico llega en quince minutos, aparca el coche y espera impaciente en la puerta de urgencias. Después de diez minutos piensa como es posible que el haya tardado quince y la ambulancia no esté allí. A los veinte minutos piensa que la cosa se ha complicado y que los problemas no han terminado todavía. Después de media hora y con los nervios destrozados aparece una ambulancia del Insalud con la sirena silbando y a toda velocidad. Echa a correr detrás de ella pero se dirige a la entrada de traumatología. No entiende nada. Se fija en la matrícula pero lógicamente no coincide. Esa no es la suya. A los cuarenta minutos de desasosiego y dudas aparece a lo lejos otra ambulancia sin sirena pero con las luces de emergencia intermitentes. Se cierra el semáforo y la ambulancia se detiene. El técnico no entiende nada. Se abre el semáforo y lentamente, a paso de tortuga, arranca y va avanzando tan lentamente que se diría que el conductor acaba de coger un coche por primera vez. El padre en su desesperación, maldice a la ambulancia y a los que van dentro con su hijito. Llega por fin a la rampa de acceso y se vuelve a parar. Es entonces cuando entiende todo. Hay un pequeño bache poco antes de la rampa. El conductor hace avanzar tan lentamente el vehículo que apenas se bambolea. Han venido extremadamente despacio para que ningún bote hiciera peligrar el estado de la criatura. No se saltaron los semáforos en rojo. No pusieron sirenas. Había que transportar a aquella criatura con las máximas garantías de seguridad. Era una reliquia demasiado frágil y valiosa. __Ya estamos aquí, tranquilo, que todo va bien. Al técnico le vuelven a sudar los ojos y le gustaría abrazar a esas personas a quien ha maldecido pocos minutos antes. Jamás podrá olvidar a aquellos anónimos que durante el día y la noche, en cualquier situación, desarrollan su trabajo con tanto esmero y tanta profesionalidad y tanto cariño…

28 de septiembre de 2005



04.- La Piedra de la Mezquita


Cuando al técnico le comunicaron los detalles del trabajo de Gibraltar, no manifestó una ilusión desbordante. Cuando, además, le dijeron que se celebraría en pleno mes de agosto, se le empezaron a dilatar las glándulas sudoríparas. El técnico pasa parte del mes de julio tratando de organizar las vacaciones en el camping; la estancia en Huesca; el viaje a Gibraltar; los días en la playa... Las nueve de la noche no es una hora muy normal para salir de viaje, sobre todo cuando el viaje es de setecientos kilómetros, pero las circunstancias obligan. Las cervezas que tomaron los dos socios también obligan a extremar la precaución en la carretera. Pronto pasa la modorra, Pinto, Valdemoro, Aranjuez... En Puerto Lápice el viajero ingiere cuatro albóndigas en salsa, un agua y un café cargado con hielo. Fuma un cigarro mientras intenta comprender como un camión de seis ejes puede atravesar la mediana de la autovía arroyando a los tres que iban delante. El sol hace tiempo que se retiró a sus aposentos y al técnico le encantaría tener alguna estancia donde echar un sueñecito pero el plan de viaje obliga a no perder tiempo en la búsqueda de hospedaje. Llega a Marbella y piensa que es el momento de buscar un recodo en el camino donde improvisar un lecho aceptable. Entre echar la colchoneta al suelo arenoso y seco o extenderla dentro del coche, encima de las maletas, el viajero opta por lo último. Después de un buen rato reptando por encima de los bultos el técnico se deja caer suavemente en brazos de Morfeo. Son las cuatro de la madrugada. A las seis de la mañana hace un poquito de frío y los cierres de las maletas ya se han hincado suficientemente en los riñones del técnico, por lo que piensa que es el momento de sustituir el improvisado lecho por un buen taburete en cualquier cafetería de carretera. En la carretera de Málaga a Cádiz, a las seis de la mañana, no proliferan los bares de carretera abiertos y el viajero opta por continuar el viaje en ayunas, pensando si con cuatro albóndigas y el ayuno matutino comenzaría el Ramadán. Durante la última etapa del viaje, el técnico va meditando sobre la mínima información que tiene acerca del congreso: montaje de dos cabinas, tres idiomas, grabación, doscientos puestos... todo ello dentro de una carpa en el Campo de Gibraltar, con motivo de la colocación de la primera piedra de la nueva Mezquita Árabe etc. etc. El hotel "La Rivera", de la Línea de la Concepción, esta vacío porque la playa de su mismo nombre esta cerrada al baño por lo cual los posibles inquilinos del hotel eligieron otra zona para pasar sus cortas vacaciones. A las ocho de la mañana, después del largo viaje y el corto descanso, el viajero opta por tomar un reconfortante baño y a continuación ponerse a la cola para pasar el control de aduanas. Después de dos horas y media de caravana bajo el sol al viajero le informan de que no había hecho falta esperar todo ese tiempo puesto que había un acceso directo para vehículos comerciales. El viajero piensa: ¡Bingo! Ya en el control británico al viajero le espera su contacto en la peña. __ ¡Buenos morning! ¿You are Pedro Ramos? __Yes it is. __¿You have good viaje? __Yes it is. __ I le esperaba a las eleven o clock. __I´m sorry. __Usted, Peter me sigue a mí __Yes. Después de rodear el peñón por el este, por el oeste por el norte y por el sur solo queda atravesarlo por dentro, cosa que hacemos poco antes de llegar a Point Europe, lugar donde esta instalada la carpa donde se celebrará el evento. La temperatura, en este extremo de la Península es de alrededor de 40º. Dentro de la reluciente carpa, 50º. La humedad relativa del aire en Point Europe debe ser de alrededor del cien por cien. El técnico esta tan encharcado en sudor que lo único que no tiene mojado es la lengua. Los obreros que preparan la entrada a la carpa también sudan a chorros. Se pone a pensar si esto es ahora que todavía no ha empezado a descargar, que será cuando comience a mover cabinas. Mientras tanto apura los últimos tragos de agua que quedaban en la botella que trajo del hotel. El técnico, casi en el momento de terminar la instalación, tiene la sensación de que es el momento en el que va a desfallecer. Comienza en su cabeza a moverse todo, no sabe si es por el efecto de la carpa inclinada o por que es pero el caso es que allí no queda nadie más y por un momento piensa que sería un poco ridículo dejarse la vida deshidratado en el Peñón de Gibraltar, dentro de una carpa blanca, el 9 de agosto de 1.995 con 45º a la sombra. Y en territorio británico. Pasados cinco minutos el técnico recobra el sentido y es consciente de que de esta ha salido y deberá seguir montando instalaciones unos cuantos años más. A las doce y media del medio día vuelve a cruzar la frontera para visitar el primer puesto de la Cruz Roja que encuentre. Sólo hay dos auxiliares técnicos sanitarios en el puesto de la Cruz Roja de la playa de poniente en La Línea. Es lógico, solo hay dos locos bañándose en aquella playa inmunda y seguro que son británicos. __Sólo ha sido un golpe de calor. Beba muchos líquidos y se le pasará. __Muchas gracias, muy amables. A las cuatro de la tarde el viajero ya ha tomado dos litros de gazpacho en el Hotel La Rivera. El maître hacía tiempo que no se encontraba tan orgulloso. Jamás había tenido a ningún cliente que amara tanto el gazpacho, pero su asombro llegó al éxtasis cuando el comensal, al terminar el segundo plato, se tomó dos litros seguidos de zumo de naranja. A estas alturas, después de dos meses, todavía debe estar contando a sus colegas lo de aquel tipo que se tomó dos litros de gazpacho y otros dos de zumo. Se pone el sol detrás del Peñón y el viajero se va adormilando mientras comienza una película de vaqueros en la tele de su habitación. No ha cogido el primer sueño cuando siente un picor en uno de sus brazos. Después en el tobillo. Enciende la lamparita de la mesilla y cuenta entre veinticinco y treinta mosquitos zapateros pegados por las paredes de la habitación. Toalla en ristre y a las tres de la mañana emprende la cacería por la hermosa habitación recién pintada. Cuando piensa que ya no queda ninguno descubre a un penúltimo mosquito asqueroso. En vista de que no desaparecen ni cerrando la ventana ni apagando las luces opta por buscar una farmacia de guardia y proveerse de algún arma más eficaz que la toalla de baño. La única farmacia de guardia es la que se encuentra en el Peñón con lo cual debe coger el coche y cruzar la frontera por cuarta vez, aunque esta vez sin guardar la cola. A las cinco de la mañana vuelve a la habitación del hotel provisto de dos estupendos botes de Aután en forma de spray. Con el brazo izquierdo en la espalda y el derecho en ristre, el técnico dirige el fatídico vapor hacia las paredes de la habitación, sábanas, suelo, ventanas y hasta la maleta. Son las seis cuando da por terminada la batalla y piensa en la merecida recompensa: media horita de sueño antes de volver a levantarse para volver a hacer la cola para volver a cruzar la frontera. . . Son las seis de la tarde cuando hace su aparición en la carpa, el Rey Fahad Bin Abdulaziz Al Saud. A continuación de su presentación, alguien de entre los doscientos que llenan la carpa, sale al estrado, se coloca detrás del atril y comienza a canturrear algunos textos del Corán. Después de un cuarto de hora, el Rey Fahad Bin Abdulaziz Al Saud preside la comitiva que se dirige a las obras donde colocará la primera piedra de la nueva Mezquita. Aplausos. Agradecimientos. La comitiva se pone en movimiento. El técnico también. La luminosa carpa se va quedando poco a poco a oscuras mientras van retirándose los últimos guardaespaldas. El técnico recoge sus últimos pertrechos. Ya en el hotel, el viajero está seguro de que los trámites aduaneros le supondrán algunas horas de retraso en su salida del Campo de Gibraltar pero no le preocupa demasiado si no fuera por el calor que tendrá que soportar durante el recorrido. A la mañana siguiente, después de solucionar todos los trámites, el viajero sale zumbando con dirección a Madrid. La mañana, fresca. La carretera, despejada. El estómago, vacío. El viajero opta por tomar dirección Córdoba para evitarse la zona de obras desde Málaga a Granada. Antes de tomar el desvío desayuna un café con leche fría, dos porras revenidas y un zumo de naranja de bote, templado. Durante todo el camino va pensando en la ausencia de eventualidades y se siente un poco raro, rodando sin lluvia, ni nieve, ni viento... Nuestro viajero va relajado, tranquilo reconfortándose por el éxito de su trabajo. Sumido en estos placenteros recuerdos se planta en Madrid a una buena hora. Nada como una buena ducha, una buena tortilla de patata y una buena cerveza en la terraza mientras se esconde el sol.

28 de agosto de 2005



05.- La Ruleta Helada

Después de un par de días de descanso el viajero se pone de nuevo en ruta, esta vez dirección Benidorm con escala en Huesca. Lleva todos los pertrechos de la playa; sombrilla, esterillas, flotador del pequeño, manguitos del mayor, toalla para el pequeño, toalla para el mayor, toalla para mamá, toalla para papá, cámara de video, cámara de fotos, cintas de película, carrete de fotos, silla de playa, tumbona plegable, balón de goma, raquetas de playa, aletas. Tubo, gafas, dos cubos de arena, dos rastrillos, dos Palas, cuatro botes de cremas variadas, varios pañales, toallitas húmedas, chupete de recambio, termo con agua fría, termo con la comida caliente, colchón inflable, tabla de surf, gafas de sol, chancletas para el pequeño, chancletas para el mayor... y todo aquello que puede ser de utilidad ante un eventual cambio de tiempo en pleno mes de Agosto en pleno Benidorm. Después de rellenar el último espacio útil del coche con el resto de la familia, el viajero enfila dirección Teruel y más tarde Alicante. Antes de entrar en Alicante se pierde y protesta. Hace mucho calor y el viajero jura en arameo. Los niños no han comido y mamá protesta. El niño pequeño protesta como está acostumbrado a protestar: llorando y gritando como un perro salvaje. Pareciera que le fuera en ello la vida. El niño mayor se cabrea de oírle al pequeño y decide que es un buen momento para competir con su hermano. El mayor llora con mucho énfasis. Parece que se emplea a fondo. Mamá les grita, papá protesta y son las ocho de la tarde con 40 grados a la sombra y sin merendar. La tensión se masca en ese vehículo que parece que en cualquier momento va a saltar por los aires esparciendo lágrimas del mayor, gritos de mamá, lágrimas del pequeño, chancletas, toallas, sombrillas... Sobre las once de la noche llegan a su destino y afortunadamente solo les queda descargar el coche, cargar seis veces el ascensor, bajar al coche otras seis y preparar las cenas y las camas. El viajero ya echaba de menos estas vacaciones cuando volvía del Peñón. Apenas había comenzado la sofocante monotonía de todos los veranos cuando la voz del presentador del telediario de las 15:30 h. les deja paralizados por unos segundos. __ ¿Que han dicho? __No lo sé, espera... __ ¿Son ellos? __ ¿No había mas expediciones en el K 2? __ No; españolas, no. __Entonces. . . ¿Son ellos? __ Si, son ellos. A continuación un sudor frío acompaña el relato del locutor enumerando los pormenores del desgraciado accidente donde, parece ser que han perdido la vida tres de los seis componentes de la expedición aragonesa al K2. No saben los nombres. El bombo de la siniestra lotería comienza a girar y no parará hasta dentro de tres días cuando inesperadamente suena el teléfono __ ¡Loren... está vivo! Extraña amalgama de sensaciones. Emoción, incertidumbre... ¿Quienes son los otros? __Javier Escartín, Lorenzo Baños, etc. Tristeza... Amigos que nunca volveremos a ver. Recuerdos que quedarán plasmados en la memoria mezclados con la alegría del momento. El descanso playero se ve interrumpido por el suceso y al cabo de varios días vuelve la familia al completo a su lugar de origen. Ha terminado el verano.

28 de julio de 2005




06.- Escoliosis en un fardo




La mañana es fría y clara. No hay mucha circulación por la autovía y el técnico viaja tan a gusto como siempre que tiene que realizar una instalación lejos de Madrid. El otoño se esparce durante todo el recorrido. Apetece abrir las ventanillas y cerrar la cremallera del abrigo. Las últimas lluvias han dejado los campos empantanados. El técnico quedó con el Dr. Torpez en que llegaría a la una de la tarde. El técnico piensa que no interesa llegar antes de las tres y media. A las tres de la tarde, después de haber tomado cuatro raciones de aceitunas y dos cervezas, el técnico considera que es buena hora para llegar al Hospital Provincial Reina Sofía e ir metiendo el material. Los nervios del Dr. Torpez y de todo su equipo no son suficientes como para esperar al técnico a la hora prevista. Después de dos horas pululando por el Hospital Provincial Reina Sofía, comienza a montar la cámara en el quirófano, esta vez sin ni siquiera vestirse de verde. No hay pijamas en el Hospital Provincial Reina Sofía a la hora a la que el técnico puede montar. De cualquier forma aunque hubiera pijamas seguiría sin existir las mínimas normas de esterilidad. Poco después de finalizar la instalación dos celadores transportan a la paciente desde la planta hasta el quirófano donde el cámara le tomará unos primeros planos para la explicación del caso... Paciente tetraplégica de 18 años ingresa por escoliosis neuromuscular producida hace 15 años por mal tratamiento de una anoxia convulsiva congénita... Si bien es un poema situar a la jovencita sentada sobre la banqueta, no lo es menos la cara de su madre mirando alternativamente a su hijita, a los focos, al técnico... El cámara le intenta echar una mirada tranquilizadora pero sin éxito. Termina de grabar los planos por indicación del cirujano y los celadores vuelven a montarla en su camilla, no sin esfuerzo, como si fuera un saco terrero. La joven de 18 años ingresada por escoliosis neuromuscular a causa de anoxia peri natal convulsiva, es verdaderamente poco más que un saco terrero. A la mañana siguiente, y con dos horas de retraso, todo está preparado para la intervención con la Técnica CD - 2 Horizon, de Laboratorios Osteo Ibérica. El bisturí corta lo que tiene que cortar; el cámara graba lo que tiene que grabar; el anestesista duerme a quien tiene que dormir y en la radio se escucha la música que nunca debió de sonar en una grabación en directo: "María del Monte y Sus Grandes Éxitos" Después de cinco horas de intervención el cirujano ya no sabe apenas ni por donde va. La enferma ha terminado con toda la anestesia que es capaz de metabolizar y por el quirófano revolotea una gran mosca verde que no deja de intentar posarse sobre el campo operatorio. En el último intento de espantar al insecto, el instrumentista ha estado muy cerca de clavar las pinzas acodadas en el ojo de su asistente mientras el cámara intenta calcular las veces que la mosca ha cruzado por delante del objetivo durante la última media hora. Si esto sigue así tendrá serios problemas para aprovechar algún plano de la última hora de grabación. Se duda entre abrir las puertas y ventanas de par en par o en cerrar todo a cal y canto. Se opta por lo primero ya que por otra parte las ventanas del pasillo han estado abiertas de par en par durante toda la operación. El cámara piensa, desde la ignorancia, si no habrá sido éste el motivo por el cual la mosca verde entró en el quirófano nº 5 del Hospital Provincial Reina Sofía de Córdoba. Comienzan a coser a la jovencita desde el cuello hasta el coxis y todo el personal de quirófano parece mucho más distendido y jovial. No olvidemos que la paciente todavía respira, lo cual es motivo de regocijo para todos, incluido el cámara que lentamente y con un dolor de espalda brutal va recogiendo todos y cada uno de sus pertrechos, sin olvidar el ponerse unos guantes por lo que pudiera suceder al enrollar los cables que estuvieron por los suelos. Mientras el cámara va cargando su material en el coche los doctores van reponiendo fuerzas en un restaurante cercano al Hospital. No hay ocasión para despedidas. Enfila la autopista a toda la velocidad que proporciona su vehículo y solo aminora la marcha cuando observa algún coche estacionado sospechosamente en el arcén. Transcurre el viaje como siempre, entre la fatiga y los recuerdos de la actividad realizada cuando divisa la gasolinera donde venden Aceite de Oliva Virgen Extra "EL MISMO", envasado por Cooperativa Olivarera "Virgen de la Estrella" ubicada en la calle de Juan de la Cruz, 7 de Lilla del Río provincia de Córdoba. Su Registro Sanitario es el nº 16553/Co. y es conveniente consumirlo preferentemente antes de un año. Su acidez máxima es de 0,5. º Aunque al viajero le gusta más el de 1º. Le pregunta al encargado si tiene Aceite de Oliva Virgen Extra de 1.º. El encargado le contesta: __Ansí que e de un grao, lo que e e que la papela e de medio grao pero el aceite e de un grao, ¿no lo ve? El viajero le pregunta cuanto es, el tendero mira el horizonte y al cabo de un buen rato le contesta: __Catocemil nuevecientas, ceñó__ Ya con los diez litros de aceite en el coche prosigue su viaje intentando imitar en voz baja el acento del tendero-gasolinero. Son las doce de la noche cuando comienza a ver las luces de la ciudad y ya solo piensa en descargar y dar buena cuenta de una ensalada de endibias con cebolletas, ajetes, alcaparras, cebollino, sal de ajo, vinagre y Aceite de Oliva Virgen Extra de 0,5.º o de 1.º. Después de mojar media barra de pan chapata y beber dos cervezas Mahou cinco estrellas, el viajero va entrando en un reconfortante sopor donde se entremezclan imágenes de quirófanos, sangres, pacientes, cámaras de video, carreteras, tenderos, gasolineras y aceites viscosos como leches condensadas, esperando la llegada de la próxima epopeya.

28 de junio de 2005




07.- Fútbol y Prótesis Dentales


Entre unas y otras disquisiciones va pasando el tiempo y el técnico vuelve al mando de una instalación pensando en la cantidad de horas que se pasa esperando el comienzo y el final de una reunión, congreso, o conferencia magistral. El III Seminario Internacional sobre Implantología y Técnicas Protésicas Dentales se celebra el día 22 de Junio de 1.996, fecha que por otra parte no tendría ningún significado especial de no ser porque en ese día se disputa en Inglaterra los cuartos de final de la Euro copa Continental de Fútbol, que enfrenta a las selecciones nacionales de España y Reino Unido. El programa del Seminario sufre algunas modificaciones y como el partido comienza alas 16´30 h. todos los participantes piensan que sería más interesante presenciar el partido por televisión que asistir al III Seminario Internacional sobre Implantología y Técnicas Protésicas Dentales. El especialista francés que imparte el curso solo tiene a cuatro personas en la sala, a saber: dos intérpretes en la cabina; un técnico de simultánea en el control y una mujer aspirante al título de Protésica Dental a quien no le importa ni un carajo los cuartos de final de la Euro copa Continental de Fútbol que enfrenta a las selecciones nacionales de España y Reino Unido. El técnico ante este panorama opta por anular la megafonía, dada la ausencia de público, y dar una cabezadita apoyando la cabeza entre las manos, técnica que por otro lado no le es en absoluto desconocida.

28 de mayo de 2005


08.- Escalibada

El conserje de la Mutua Generali de Seguros de Barcelona se llama Jordi. Cuando el técnico se presentó en Barcelona para realizar la instalación aquel lunes de junio, el conserje estaba muy preocupado por conocer el estado de ánimo del técnico al haber perdido el Real Madrid contra el Barcelona. Don Jordi, conserje de la Mutua Generali de Seguros, no tiene ni la más remota idea de la importancia que le da el técnico a esta serie de eventos deportivos. Una vez en el salón de actos y habiendo descargado todo el material el técnico tiene el gusto de conocer al Jefe de Mantenimiento de la Mutua Generali de Seguros. __Bona tarda. __Buenas, soy el técnico de traducción simultánea; Pedro Ramos. __Esta vez les hemos ganado en Madrid. __Si. __Soy Jordi Punset. __Mucho gusto. __ ¿Donde colocamos la cabina? __De cualquier forma el Madrid jugó muy mal... __Muy mal. ¿Puedo colocar la cabina allí detrás? __Bueno, hay que saber perder. __Si. Le contesta el técnico pensando que saber perder y tener más paciencia que el Santo Job deben ser las dos virtudes más importantes del ser humano. Al cabo de un buen rato aparece un individuo con una coleta en el pelo, un pendiente en la oreja y en las zapatillas de deporte mas roña de la que seguramente se puede almacenar en los pies después de pasear por una cochiquera de cerdos. El técnico no sabe donde fijar su mirada; si en la coleta, en el pendiente o en la roña de los pies. __Me llamo Jordi Molins. El técnico se lo estaba imaginando. __Yo no__ le contesta sonriendo. __Bueno, soy el técnico de la traducción simultánea y he terminado de montar. __He venido por si necesitaba algo. __Ya no, muchas gracias. __Bueno pues entonces adeu. __Adiós, adiós. El técnico ha tomado mejores escalibadas que las que preparan en el Restaurante Bugatti, en el 234 de la Avinguda Diagonal pero también ha dormido en mejores habitaciones que las del Col.legi Major Penyafort- Montserrat por lo que se puede deducir que en esta ocasión no va a encontrar ningún aspecto notable en su estancia en Barcelona.

28 de abril de 2005


09.- Manualidades en Sonfamor


Son las cinco de la mañana cuando el despertador le indica al técnico el momento de reanudar su trabajo. En compañía del 2º técnico comienza la jornada en el salón Príncipe del Real Casino de Madrid. A las dos de la madrugada del día anterior las pantallas de 3 x 2 quedaron ubicadas en sus lugares definitivos. El sonido en la sala es suficiente para las doscientas personas. El video reproduce bien. Los receptores tienen pilas nuevas. Los micrófonos inalámbricos, también. Los proyectores lucen correctamente. Los técnicos a esas horas siguen tan agotados como cuando se acostaron de madrugada. Esas dos únicas horas de reposo no fueron suficientes pero están tranquilos. La azafata que coloca los cartelitos con los nombres de los ponentes sabe perfectamente como realizar su labor. La azafata que se ocupa de la recepción de las diapositivas sabe perfectamente como realizar su trabajo. También sabe inglés. A las nueve de la mañana está previsto el acto de inauguración del III Congreso Internacional de Cirugía del Raquis. A las 8:30 h. los especialistas en cirugía de raquis comienzan a traer sus diapositivas hasta la salita de pruebas y recepción. A las 8:50 h. están preparadas todas las diapositivas que se utilizarán en la sesión matutina, menos las diapositivas del Dr. Listez. Son las 9 h. y el primer ponente no ha aparecido por la sala de recepción de diapositivas. Podría ser que hiciera su presentación sin diapositivas pero es poco probable. Sin embargo, a las 9:05 h. aparece el Dr. Listez con dos bandejas de diapositivas propias lo cual implica el no perder más tiempo en colocar las diapositivas en nuestros carros. Se prueban rápidamente con los proyectores de chequeo y fatalmente uno de ellos se atasca y no pasan las diapositivas. El Dr. Listez se enoja con el técnico. __¡¡ No pulse cuando están dentroooooo...!!__ ¡¡ Me las está rompiendoooooo...!! El técnico opta por no contestar y cambiar de carro rápidamente. __¡¡ Mis carros están bieeeeeeeeenn!! ¡¡ Me las está rompiendoooooooo !! ¡¡ En mi hospital no se atascaaaaaaan !! El técnico termina de cambiar las diapositivas con el tiempo justo de salir al salón y colocarlas en los proyectores definitivos. El Dr. Inaugurez da comienzo a la sesión. __Bienvenidos al III Congreso Internacional etc. etc. y a continuación tiene la palabra el Dr. Listez, de Barcelona. __Buenos días. Antes de nada agradecer al Dr. Inaugurez el que me haya invitado a esta reunión de especialistas en cirugía de raquis. 1ª Diapositiva, por favor... La azafata pulsa el mando de las diapositivas pero la 1ª no entra... ni la 2ª... ni la 3ª... Ante este problema el Dr. Moderadez comunica a la sala que sería mejor pasar al siguiente ponente mientras se da una solución a las diapositivas del Dr. Listez. En este momento el técnico respira un par de veces después de cinco minutos sin hacerlo mientras piensa en cambiar de nuevo las diapositivas de carro. Así lo hace durante los diez minutos que dura la ponencia del Dr. Segundez. El técnico le informa al Dr. Listez de que el problema está en sus diapositivas y no en los carros ni en los proyectores. __¡¡Las diapositivas están bieeeeeeen... !! ¡¡Esto en mi hospital no pasaaaaaa... !! A falta de treinta segundos para comenzar con la proyección del Dr. Listez el técnico le hace unas señas a su ayudante para que en caso de que volvieran los problemas, se hiciera un cambio de proyectores rápido. __El Dr. Listez tiene la palabra. __1ª diapositiva, por favor... La 1ª no quiere entrar, la 2ª tampoco y el técnico piensa que todas las diapositivas del Dr. Listez están de huelga general y sin servicios mínimos. El segundo técnico hace un cambio de proyectores en un minuto mientras piensan que este es el último cartucho que le queda antes de que el Dr. Listez se le tire a la yugular antes de cortarse las venas. __ ¡Vamos a ver si es posible pasar mis diapositivas!__ exclama el Dr. Listez.__ La azafata pulsa el botón por enésima vez pero con nulo resultado. El técnico en esos momentos ya no suda porque ya está totalmente deshidratado. El técnico ya no da explicaciones porque los argumentos se le terminaron hace tiempo. El técnico está esperando un característico dolor agudo en el brazo derecho a la vez que una leve presión en el pecho. El técnico se da cuenta de que el dolor no acabará en infarto, por lo menos en ese momento. El técnico se plantea la posibilidad de comenzar a caminar, fuera de la sala, lentamente, sin rumbo, sin retorno, con los ojos cerrados y la mente en blanco. El técnico piensa en décimas de segundo que es lo que dirían sus hijos si abandonara la sala con las manos y la mente vacías. El técnico saca el carro de diapositivas, lo abre, se pone de rodillas para no impedir la visión de los que están detrás y se dispone a introducir las diapositivas una por una en el proyector. La desconocida "Técnica manual de paso de slides por pinzamiento on air" da para escribir un tratado. Cada vez que le pide la siguiente diapositiva, el técnico con la mano derecha aprieta el botón de paso. La palanca expulsa la diapo por los aires y con los dedos índice y pulgar atrapa el marquito sin tocar el cliché. Esta improvisada "técnica on air" fue inspirada en los años sesenta en el Circo Price donde Gaby, Fofó y Fofito interpretaban un número que consistía en cazar moscas con los dedos cogiéndolas por las alas para no espachurrarlas. No obstante, siendo distinto el público del Price al del Casino, los 200 especialistas en traumatología están más pendientes de las evoluciones del técnico cazando diapositivas que de las últimas técnicas en cirugía de raquis. El técnico lleva ya pasadas diez diapositivas cuando no aguanta más de rodillas y opta por levantarse y proseguir su numerito de pie. Así lo hace mientras le parece escuchar de fondo unas exclamaciones cada vez que sale una diapositiva volando... __ ¡Huy!, ¡Huy!... Solo quedan 65 diapositivas por cazar y los nervios del técnico ya llevan rotos hace mucho tiempo. La mano de cazar le tiembla más que un Párkinson y cada vez le resulta más difícil atinar. 78, 79, 80... Ha terminado. El balance ha sido el siguiente: 1 diapo al suelo; 4 caídas en la base del proyector; 5 manchadas con sudor de dedo. Después de esta pequeña eventualidad el congreso se va desarrollando normalmente sin nada que destacar hasta el final de la jornada, sobre las 19:30h.

28 de marzo de 2005


10.- Detención mágica


El equipo de sonido decide que es el momento de montar los micrófonos para la cena de gala y la actuación del mago Pepe Magic, que se celebrará por la noche en la discoteca del Casino. Comienzan las pruebas de sonido, y los ensayos del mago cuando al conectar los micrófonos inalámbricos saltan por los aires los tres alimentadores con lo cual se quedan sin micrófonos veinte minutos antes del comienzo de la gala. El técnico no comprende bien porqué todos los incidentes que pueden pasar en un día le pasan a él y no se distribuyen equitativamente entre todos los demás. Se soluciona el problema comprando alimentadores en El Corte Inglés y el equipo técnico decide tomar algo ahora que el mago está ya contento y los técnicos relajados. Mesón del Jamón. __ ¡Una de lacón, una de jamón, una de pulpo y cinco cervezas! Se encuentran agotados pero con la tripa llena cuando a las doce de la noche deciden volver al Casino para preparar el espectáculo. Pasean por la calle Aduana hacia la puerta de servicio del Casino Real cuando un furgón de la Policía Nacional pega un frenazo de película, se bajan seis guardias y rodeando a los técnicos le inquieren a uno de ellos... __ ¿Usted ha "meao"? ¿Tiene ganas de mear? __ ¿Yo?... __ ¡Usted ha "meao"! o... ¿quiere mear? Los técnicos piensan que es una broma pero no encuentran al bromista por más que escudriñan el entorno de la calle Aduana. Tampoco es carnaval por esas fechas... No saben que pensar. No pueden pensar. No quieren pensar en la posibilidad de que alguno de sus compañeros estuviera metido en algún lío. Los guardias siguen avasallando hasta llegar a poner la mano encima de uno de los técnicos. Es el momento en el que una nube blanca azulada se interpone entre la mente del técnico y la patrulla policial y ya no puede aguantar semejante atropello. __ Pero... ¿que coño es esto?; pero... ¿que cojones es esto? __ ¡Usted se calla! __ Pero... ¿cómo me voy a callar? __ ¡Usted se calla! El técnico piensa en segundos que el agente que le está avasallando posee un limitado léxico que se puede resumir en tres frases, a saber: 1.- "Usted se calla". 2.- " ¡Alto, policía! 3.- " ¡Usted ha meao!". Esta escasa preparación cultural es directamente proporcional al número de axones neuronales alojados debajo de la gorra azul, por otra parte bastante deteriorados quizás debido al precario uso que de ellos suele hacer el agente. __ ¿Cual es el problema? __ ¡Aquí no hay ningún problema! __ ¡Joder! pues si no hay ningún problema, ¿a cuento de qué viene esto? __ ¡Usted se calla! __ el guardia parece que va a piñón fijo__ El técnico ya no puede aguantar más y salta... __¡¡Yonomecalloporquenadievaloramáslalaborquedesarrollalapolicíaporqueyonotengoniunamultaporqueyonoaparcoendoblefilayalasoncedelanocheestoyencasaconmishijosporqueyonomolestoanadieyestoytrabajandoenelcasinoconmiclienteynohayderechoaesteatropelloyademásyoyahemeadoalsalirdelmuseodeljamónporqueyollevoundíamuyduroconlazafataquenollega,eltransformadorquenotransforma,elmago,lagala,laspilas,eljamón,elguardia. . . !! Jesús de mi vida Jesús de mi amor Ábreme la herida De tu corazón. Los guardias, al darse cuenta del patinazo, discretamente se van montando en el furgón después de una muy leve y sutil disculpa.